Justo ese momento. Exactamente esa situación cotidiana en la que uno se encuentra volando la frontera entre la realidad, lo tangible, y lo soñado, lo ilusorio, donde no existe techo alguno. Justo allí se entremezclan sensaciones, pensamientos, razonamientos, frustraciones, deseos, proyectos, fantasmas, sentimientos, problemas, fantasías, belleza, soluciones, horror y demás cosas de dos mundos invariablemente distantes, en lo normal.
Recostado sobre aquella almohada y en esa circunstancia se hallaba, al mismo tiempo, libre y preso de todo lo que conlleva su Ser.
Las imágenes lo comenzaron a invadir. Indistintas. Cargadas. Sin algún sentido claro.
Y de repente, su cara, desdibujada, fresca, soñada, terrenal... Y como si nada, sus manos, invisibles, tibias, guardianas, seductoras. Marcos realmente sentía su presencia junto a él, hasta en la misma almohada. Eso lo hacia sentirse colmado y liviano. Tal vez, un profundo suspiro dejó escapar sin percibirlo. Podía respirarla, sentirla en todo su cuerpo, como si no solo creyera tenerla con él, si no que también dentro de él, una unión que potenciaba sus sentidos a un nivel en lo absoluto experimentado.
Insistente, como pocas cosas, el consciente volvía a molestarlo, a jugar ese sucio papel de borrador.
Entonces, rápidamente de par en par sus ojos se abrían y lo sobresaltaba tan despiadada oscuridad. Intentaba razonar, en vano, tal juego de su mente. Y lo volvía a invadir esa extraña pero conocida sensación de hace mucho tiempo. En la cual se siente fuera de sí mismo , como si ni siquiera se perteneciera, donde el cuerpo esta raro, donde el alma pareciera querer huir a toda costa y revoloteara incansable dentro de la jaula. Donde lo que mas le aterra es sentir todo a su alrededor tan liviano como una pluma en vuelo y tan impropio como el agua en entre las manos. Incluso la angustia, por esas horas, quería hacerse presente.
Marcos luchaba por conciliar el tan deseado sueño. Faltaban a penas unas horas para que naturalmente la ciudad se iluminara y les diera un poco de calma a aquellos, que como a este hombre, la noche les juega un partido difícil de ganar.
El fastidio, la incertidumbre y el vacío ya lo tenían acorralado contra él mismo.
Buscaba posiciones físicas para ganarle a su mente, y ella lo llevaba de un lugar a otro sin darle lugar a objeciones. Finalmente, se dijo así mismo unas cuantas cosas para calmarse, ayudándose con la respiración.
Parecía que estaba dando resultado. Quería volver a esa ultima película proyectada por su mente, con las pocas fuerzas que ya tenia a esta altura, lo imploraba.
Situaciones como estas nos llevan a pensamientos que en otros momentos ni siquiera podríamos saborear. Pensó y se afirmó: que placentero, fluido y mas sencillo seria poder salir del tiempo común a todos. Vivir y experimentar determinadas situaciones fuera del tiempo, en un NO TIEMPO, un tiempo que exista pero que a la vez pase desapercibido. Un tiempo que exista solo para quien lo viva, y que después de vivido no queden conscientemente rastros de él, pero sí fresco e inmutable en el alma, para poder volver cuando se sienta necesario. Un tiempo que deja en movimiento absolutamente todo, pero que a la vez se posiciona mucho más alto que este y aparenta detenido, eterno, nulo pero es todo lo contrario. Un tiempo en el que por tener tales características, solo jueguen las almas a través de sus cuerpos, y se escuche el silencioso grito de las ganas y del fiel compromiso con uno mismo. Donde no haya obstáculos, reproches, palabras ajenas ni miradas inquisidoras. Solo el pleno, sencillo, honesto, libre y feliz disfrute de uno mismo en plenitud.
Plenitud. Plenitud. Plenitud ...
Observó por ultima vez (por esta noche) esa desdibujada cara que tanta paz le regalaba, sintió su tibieza, que rápidamente se le acomodo en todo su cuerpo y la seguridad lo abordó por completo. Y ahora sí, como si nada, entró en un sueño profundo, con un bosquejo de sonrisa eterna en sus labios.
En el momento en el que lo aturdió el sonido que alerta a las responsabilidades, Marcos juntos fuerzas, se estiró y estremeció de placer al abrir los ojos e iluminarse con tan hermosa realidad.
Recostado sobre aquella almohada y en esa circunstancia se hallaba, al mismo tiempo, libre y preso de todo lo que conlleva su Ser.
Las imágenes lo comenzaron a invadir. Indistintas. Cargadas. Sin algún sentido claro.
Y de repente, su cara, desdibujada, fresca, soñada, terrenal... Y como si nada, sus manos, invisibles, tibias, guardianas, seductoras. Marcos realmente sentía su presencia junto a él, hasta en la misma almohada. Eso lo hacia sentirse colmado y liviano. Tal vez, un profundo suspiro dejó escapar sin percibirlo. Podía respirarla, sentirla en todo su cuerpo, como si no solo creyera tenerla con él, si no que también dentro de él, una unión que potenciaba sus sentidos a un nivel en lo absoluto experimentado.
Insistente, como pocas cosas, el consciente volvía a molestarlo, a jugar ese sucio papel de borrador.
Entonces, rápidamente de par en par sus ojos se abrían y lo sobresaltaba tan despiadada oscuridad. Intentaba razonar, en vano, tal juego de su mente. Y lo volvía a invadir esa extraña pero conocida sensación de hace mucho tiempo. En la cual se siente fuera de sí mismo , como si ni siquiera se perteneciera, donde el cuerpo esta raro, donde el alma pareciera querer huir a toda costa y revoloteara incansable dentro de la jaula. Donde lo que mas le aterra es sentir todo a su alrededor tan liviano como una pluma en vuelo y tan impropio como el agua en entre las manos. Incluso la angustia, por esas horas, quería hacerse presente.
Marcos luchaba por conciliar el tan deseado sueño. Faltaban a penas unas horas para que naturalmente la ciudad se iluminara y les diera un poco de calma a aquellos, que como a este hombre, la noche les juega un partido difícil de ganar.
El fastidio, la incertidumbre y el vacío ya lo tenían acorralado contra él mismo.
Buscaba posiciones físicas para ganarle a su mente, y ella lo llevaba de un lugar a otro sin darle lugar a objeciones. Finalmente, se dijo así mismo unas cuantas cosas para calmarse, ayudándose con la respiración.
Parecía que estaba dando resultado. Quería volver a esa ultima película proyectada por su mente, con las pocas fuerzas que ya tenia a esta altura, lo imploraba.
Situaciones como estas nos llevan a pensamientos que en otros momentos ni siquiera podríamos saborear. Pensó y se afirmó: que placentero, fluido y mas sencillo seria poder salir del tiempo común a todos. Vivir y experimentar determinadas situaciones fuera del tiempo, en un NO TIEMPO, un tiempo que exista pero que a la vez pase desapercibido. Un tiempo que exista solo para quien lo viva, y que después de vivido no queden conscientemente rastros de él, pero sí fresco e inmutable en el alma, para poder volver cuando se sienta necesario. Un tiempo que deja en movimiento absolutamente todo, pero que a la vez se posiciona mucho más alto que este y aparenta detenido, eterno, nulo pero es todo lo contrario. Un tiempo en el que por tener tales características, solo jueguen las almas a través de sus cuerpos, y se escuche el silencioso grito de las ganas y del fiel compromiso con uno mismo. Donde no haya obstáculos, reproches, palabras ajenas ni miradas inquisidoras. Solo el pleno, sencillo, honesto, libre y feliz disfrute de uno mismo en plenitud.
Plenitud. Plenitud. Plenitud ...
Observó por ultima vez (por esta noche) esa desdibujada cara que tanta paz le regalaba, sintió su tibieza, que rápidamente se le acomodo en todo su cuerpo y la seguridad lo abordó por completo. Y ahora sí, como si nada, entró en un sueño profundo, con un bosquejo de sonrisa eterna en sus labios.
En el momento en el que lo aturdió el sonido que alerta a las responsabilidades, Marcos juntos fuerzas, se estiró y estremeció de placer al abrir los ojos e iluminarse con tan hermosa realidad.